El 21 de noviembre del 2007 el actor y humorista Carlitos Balá visitó por última vez Esquel junto al payaso Piñón Fijo, presentando un espectáculo para disfrutar “sanamente y en familia”. En ese momento no faltaron sus tradicionales expresiones como ¿Qué gusto tiene la sal?, sumbudrule, el chupetómetro o Angueto el perro invisible.
Hoy Noticias de Esquel recuerda su visita a Esquel, ofreciendo a sus lectores el audio original de la conferencia de prensa que brindaron Balá y Piñón en 2007 en la confitería del entonces residencial La Tour D’argent.
Foto que recuerda ese momento, con trabajadores de medios locales haciendo un gestito de idea con el gran Carlitos Balá junto a Piñon Fijo. El cronista de Noticias de Esquel que cubrió la llegada de Balá a nuestra ciudad en esa oportunidad, recuerda como nunca las ganas de los trabajadores de la prensa local, de sacarse una foto con el entrevistado, evidenciando el cariño por este artista que marcó su infancia.
Carlitos Balá nació el 13 de Agosto de 1925 en Chacarita (Buenos Aires). En su carrera artística moldeó la inocencia y el pensamiento mágico de varias generaciones de niños Argentinos. Su nombre era Carlos Salim Balaá, hijo del Libanes Mustafá Balaá y la Croata Juana Boglich, creció sin privaciones ayudando a su padre en la carnicería familiar. De muy joven mostró inclinaciones artísticas, venciendo su timidez al ver la reacción que provocaban sus rutinas y se pasaba todo el día haciendo chistes y monólogos sobre los repletos colectivos de la línea 39. Pese a su sueño artístico cuidaba su trabajo formal en una imprenta, hasta que dos fiestas cambiaron su vida, en la primera conoció a Martha la mujer de toda su vida y en la segunda conoció a Palito Ortega, quien vio la chispa de Carlos y le presentó al líder del programa La Revista Dislocada. Carlos se presentó en «Radio Splendid», le tomaron una breve prueba y quedó en el elenco junto a Jorge Porcel y Mario Sapag, se hizo conocido y realizó giras por todo el país. En 1958 pasó a Radio «El Mundo» bajo la tutela de Antonio Carrizo. Los grandes del humor lo convocaban a sus shows hasta que en 1963 debutó como protagonista en la obra teatral «Canuto Cañete, conscripto del siete». La obra fue llevada al cine y logró horarios centrales en TV con «Telecómicos» y «El flequillo de Balá». Su humor de gags simples, directos e inocentes le abrieron la puerta al público infantil, poco a poco sus programas se volcaron a los niños, participó en 18 películas y cuando fue contratado por la televisión estatal «ATC», su programa «El show de Carlitos Balá» fue la primera transmisión en color de la televisión Argentina. Paralelamente a toda su actividad televisiva recorrió el país con su «Circo». Pese a ganar el Martin Fierro y ser declarado ciudadano ilustre de Buenos Aires, por lo que la gente siempre lo recordara es por la inmensa alegría que «Carlitos» le brindó a millones de niños que hoy siendo serios adultos seguimos preguntando ¿Que gusto tiene la sal?.
Otras de sus creaciones fueron:
El Chupetómetro: Un enorme recipiente cilíndrico de dos metros donde miles de niños dejaban definitivamente su chupete para “crecer”.
Angueto el perro invisible: Una corre rígida con la que simulaba pasear a un perro que no se veía, obligando a los chicos a interactuar y gritarle “Angueto quédate quieto”. Angueto llegó a tener una canción propia.
El “gestito de idea” Juntar los dedos índice y pulgar, acompañado por un sonido con los labios para celebrar una ocurrencia.
Además “Ea-ea-ea-pe-pe”, también “un kilo y dos pancitos” para indicar que algo estaba perfecto o el clásico “Sumbudrule”.



