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PREVENCIÓN. Se cumple un nuevo aniversario de la avalancha en el cerro Cocinero que se llevó la vida de tres andinistas

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Se trató de la avalancha de mayor tamaño registrada en Patagonia y se llevó la vida de tres andinistas Marplatenses. Leonardo Smirnoff (28), Leonardo Palomba (28) y Facundo García (32) el 23 de agosto del 2010 comenzaron la excursión hasta el refugio del Cerro Cocinero. Al cabo de unos días se perdió la comunicación con ellos y cuando fueron a buscarlos, descubrieron que una enorme avalancha había hecho desaparecer el refugio. Más de un mes duró la búsqueda de los cuerpos de los andinistas. Entre 60 y 70 personas diariamente subían a realizar las excavaciones de bateas en procura de indicios de los desaparecidos. Integraban los grupos efectivos especializados de la Escuela Militar de Montaña y del Regimiento III de Esquel del Ejército Argentino; guardaparques y brigadistas de los Parques Nacionales Los Alerces y Nahuel Huapi, y un grupo de rescatistas pertenecientes a Gendarmería Nacional y clubes de esquí de Esquel y Bariloche. A fines de septiembre hallaron el primero de los cuerpos, el cual se encontraba dentro de una bolsa de dormir a unos 20 metros de la ubicación original del refugio, en el cual los montañistas fueron sorprendidos por un alud de nieve mientras descansaban.

Si va a utilizar esta nota o parte de ella como «inspiración» para su producción, por favor cítenos como fuente incluyendo el link https://noticiasdeesquel.com.ar/

Más información:

ENTREVISTA EXCLUSIVA. Cedric Larcher referente mundial sobre nieve y avalanchas

Apuntes elementales para abordar este fenómeno.

La nieve que va cayendo del cielo se asienta en diversas capas. Este conjunto de capas recibe el nombre de manto nivoso. Según las condiciones meteorológicas (viento, humedad, temperatura…), el terreno (inclinación, accidentes naturales) y la propia constitución interna del manto, éste se puede llegar a fracturar dando lugar a un alud, que pueden ser de varios tipos.

 

Lo normal es clasificarlos en 3 categorías:

  1. Alud de nieve reciente

Los que solemos ver en las películas sobre avalanchas, se suelen producir, como su nombre indica, durante una nevada o al poco tiempo de esta. Por ello, puede ser tanto de nieve seca, como de nieve húmeda.

 

¿Y por qué se producen?

Normalmente vienen precedidos por nevadas intensas (mucha cantidad en poco tiempo), por lo que las partículas de los cristales de nieve no han tenido tiempo suficiente para cohesionarse bien, y por tanto, tenemos una capa inestable dentro del manto.

 

Cuando el equilibrio se rompe, se inicia una pequeña colada, que en su camino arrastra más y más cristales de nieve, produciendo una reacción en cadena, como si fuese una caída de fichas de dominó. Dependiendo de la cantidad de nieve acumulada, el alud será más o menos grande. En ello influye por tanto la inclinación de la pendiente. Al contrario de lo que pueda parecer, en inclinaciones grandes (>40º-45º ) los aludes de nieve reciente suelen ser pequeños, pues no es tanta la cantidad de nieve que se acumula.

 

Suelen alcanzar velocidades muy altas (~100km/h) y especialmente los aludes de nieve polvo son destructivos porque asfixian todo lo que se cruza en su camino, debido a la mezcla entre el aire y la nieve, que tapona rápidamente las vías respiratorias.

 

  1. Alud de placa:

Este tipo de aludes consiste en el deslizamiento de una capa del manto nivoso (normalmente densa y compacta) sobre otra más antigua, que actúa a modo de rampa por una nula cohesión entre ambas capas. Suelen producirse por sobrecargas (nevadas, paso de una persona, caída de cornisas), y especialmente entre los 25º y los 45º, siendo la inclinación más crítica (varía según autores) los 37º-38º.

 

En este tipo uno de los factores determinantes es el viento. Seguro que todos hemos visto alguna vez este gráfico:

 

Creo que es bastante gráfica la imagen. Al ser de distinto «tipo» la nieve arrastrada por el viento, no se produce el apelmazamiento deseado entre ambas capas, produciéndose por tanto el alud.

 

Suelen ser los más complejos de predecir, y por ello conviene enterarse de las condiciones meteorológicas de los días previos para poder predecir donde se pueden desencadenar.

 

  1. Aludes de fusión:

Típico alud que se produce en primavera. Se trata del desplazamiento de una masa de nieve húmeda sin cohesión, desde pequeñas coladas hasta aludes de grandes dimensiones. Se producen debido al aumento de la temperatura ambiente, que al superar los 0º C comienza a fundir la primera capa del manto, inundando las capas inferiores y volviéndolas inestables, por lo que se desprenden a la mínima sobrecarga. Incluso si el agua llega hasta las capas bajas se puede producir una película deslizante entre el terreno y el manto nivoso, produciéndose un alud de fondo, en el que todo el manto se desliza hacia abajo.

 

Es típico ver estos aludes a partir del mediodía en días de calor (no necesariamente sólo en primavera), en caras que reciben mayor insolación principalmente, pero también en otras orientaciones.

 

Este tipo de aludes son fácilmente «esquivables», pues no suelen alcanzar velocidades muy altas, pero por contra tienen un alto poder destructivo debido a la alta densidad de la nieve que transporta. De hecho, los traumatismos son el mayor peligro de los aludes de fusión.

 

Según cada autor estos datos difieren un poco, y no se trata de algo que se cumpla a rajatabla, ya que las condiciones no siempre son iguales y por ello cada caso merece un estudio personal.

 

Es necesario entender un poco qué es lo que ocurre debajo de nuestros esquís/tabla antes de pasar a explicar zonas de riesgo o técnicas de rescate/prevención.

 

Medidas de prevención y supervivencia

CAUSAS Y CARACTERÍSTICAS DE LOS ALUDES

 

Un ALUD o AVALANCHA ocurre cuando se produce la ruptura del equilibrio dentro una masa importante de nieve acumulada y ésta se desprende y rueda o se desliza en cascada por la pendiente de una montaña.

 

Ello está provocado por factores tales como: el mayor peso por sobrecarga del depósito tras nevadas copiosas, la subida de temperaturas o la lluvia que ocasionan su fusión y fluidificación(tormentas, vertientes iluminadas por el sol) el viento, los ruidos(disparos, explosivos), los temblores de tierra, el paso de personas o vehículos por zonas cercanas (esquiadores, alpinistas, motos de nieve) etc.

 

El alud inicial puede arrastrar en el descenso a otras masas de nieve, lo que va aumentando progresivamente su tamaño y su velocidad.

 

Las grandes avalanchas, si la pendiente es muy inclinada, pueden deslizarse a importantes velocidades y llegar a alcanzar los 350 km/h.

El material que se desliza (nieve, hielo, tierra, rocas, etc) suele estar acompañado por ondas de presión y vacío muy destructoras capaces de causar daños a cualquier obstáculo que encuentren en su camino (árboles, edificios, animales, etc) y causar la muerte a un ser vivo incluso antes de que lo alcance el propio frente sólido del alud.

 

Clases de aludes o avalanchas:

 

Aludes de nieve en polvo

Aludes de placas

Aludes de nieve húmeda

Aludes de fondo

Aludes superficiales

Aludes espontáneos

Aludes accidentales

Aludes provocados

 

Uno de los tipos de aludes más poderosos, destructores y espectaculares son las llamadas avalanchas de nieve en polvo constituidas por una mezcla/suspensión turbulenta de granos de hielo, nieve y aire (aerosol) que se forma a consecuencia de la grandes aceleraciones/velocidades que adquiere la masa deslizante al caer o rodar por zonas verticales o muy inclinadas. El ruido que producen suena como una fuerte tormenta de truenos.

Son los aludes más comunes y suelen causar muchas victimas.

 

También las llamadas avalanchas de placas, a menudo provocadas por los esquiadores y excursionistas, causan numerosas víctimas. Se producen cuando existen capas de nieve suelta subyacente sobre las que se superponen otras placas de nieve dura o en polvo que se movilizan de forma inmediata y rápida.

 

MEDIDAS PREVENTIVAS

 

Clasificación de riesgo de los aludes:

Atendiendo a su índice de posible peligrosidad, su tamaño y potencial destructivo, los riesgos de los aludes se clasifican en una ESCALA EUROPEA UNIFICADA DE RIESGO Y ALERTA cuyos niveles y colores indicativos en los mapas son los siguientes:

 

ÍNDICE 1

RIESGO: DÉBIL

C0LOR DE ALERTA: VERDE

Nieve estabilizada

Se puede practicar montañismo y esquí sin temor a peligros excesivos, salvo en zonas determinadas.

 

ÍNDICE 2

RIESGO: LIMITADO

COLOR DE ALERTA: NARANJA

Estabilización según zonas

Riesgo de aludes limitados en algunas pendientes o lugares

Excursiones y esquí han de ser planificados, con itinerarios que eviten terrenos inclinados.

 

ÍNDICE 3

RIESGO: NOTABLE

COLOR DE ALERTA: NARANJA

Estabilidad débil especialmente en pendientes

Riesgo de aludes medianos y grandes en numerosas pendientes

Es peligroso el montañismo o el esquí fuera de las zonas permitidas.

 

ÍNDICE 4

RIESGO: FUERTE

COLOR DE ALERTA: ROJO

Estabilidad débil en la mayoría de las pendientes

Peligro de aludes medianos e importantes en numerosas áreas, que pueden producirse tanto de forma espontánea como por sobrecargas provocadas

Es peligroso el montañismo o el esquí salvo en las zonas permitidas: llanas o con pendientes moderadas (de menos de 20 grados de inclinación)

Es también peligoso transitar por sendas o lugares situados al final de las vertientes montañosas.

 

ÍNDICE 5

RIESGO: MUY FUERTE

COLOR DE ALERTA: ROJO

Inestabilidad generalizada del manto nivoso

Peligro de aludes importantes espontáneos en toda clase de terrenos inclinados

Se debe renunciar a cualquier actividad de senderismo, montañismo o esquí.

 

Los aludes producen cada año numerosas víctimas mortales.

La mayoría de ellas sufren los accidentes debido a conductas imprudentes protagonizadas especialmente por excursionistas o esquiadores con poca experiencia que desconocen los riesgos propios de las alturas y la nieve (apartarse de sendas o rutas seguras, esquiar fuera de las pistas señalizadas, etc)

 

Teniendo en cuenta que los aludes suelen repetirse en las mismas zonas es importante tener presente la historia orográfica y metereológica de cada lugar y adoptar una filosofía de prevención e informarse del riesgo probable mediante el estado del tiempo y de la nieve a través de las opiniones de personas expertas (Guardia Civil, Ayuntamientos, Estaciones de Esquí) y también de los boletines metereológicos.

 

El probable riesgo puede ser también evaluado a priori mediante determinados test o métodos como el Nivotest Bolognesi o el método de Werner Munter.

 

En lugares donde ya se han producido avalanchas o en zonas en las que el riesgo previsible puede alcanzar instalaciones o construcciones habitadas suelen planificarse determinadas medidas previas para disminuir el peligro: repoblación forestal, construcción o instalación de barreras o artificios similares para desviar o diseminar los posibles avenidas (muros, vallas, diques de frenado, viseras, rastrillos, paravientos, redes y cables de acero, etc) provocación de aludes controlados mediante explosivos, limitación de actividades en áreas peligrosas, prohibición de edificaciones, evacuación temporal de personas en periodos de alto riesgo, cierre de pistas o carreteras, etc.

 

Además de dichas medidas de prevención general, al desplazarse o practicar actividades deportivas en la montaña conviene planificar los itinerarios de marcha de acuerdo con las previsiones meteorológicas y de acumulación de nieve, eligiendo los las rutas más seguras asi como observar el terreno evitando las vías que pasen por zonas con señales de anteriores avalanchas que son apreciables por los daños causados en en suelo y en la vegetación; evitar tambien el paso por las proximidades o por debajo de cornisas con acumulaciones de nieve o hielo, o por acantilados, barrancos, etc.

 

Para atravesar zonas peligrosas se ha de actuar con prudencia minimizando las probabilidades de riesgo: procurando evitar los impactos físicos o sonoros, pasando sólo una o dos personas (separadas) cada vez y permaneciendo el resto en zonas seguras de observación para poder localizar a el lugar caso de que se produzca la avalancha y algún expedicionario quede sepultado.

 

Por ello no es aconsejable formar parte de grupos muy numerosos: el paso tumultuario y repetitivo aumenta las probabilidades de una avalancha (en el año 218 aC cuando el ejército cartaginés de Anibal cruzaba los Alpes, los aludes causaron la muerte a unos 18.000 soldados)

 

Tampoco se recomienda desplazarse en solitario ya que si el protagonista es atrapado nadie presenciaría el sepultamiento ni podría iniciar un rescate.

De todas formas conviene informar a familiares y/o amigos de la zona a la que uno se desplaza y llevar un teléfono móvil comunicando cualquier cambio o emergencia.

 

Asimismo hay que llevar el material adecuado según la duración y dificultades posibles.

 

MEDIDAS DE SUPERVIVENCIA Y SOCORRISMO

 

Caso de vernos sorprendidos por el alud, hay que tratar de huir fuera de la zona peligrosa (es posible para un esquiador experto descendiendo velozmente en diagonal hacia la orilla exterior más proxima) y de no conseguirlo, deshacerse de los esquís y bastones y protegerse/agarrarse a rocas, árboles o minimizar el impacto echándose al suelo y proteger con las manos la cabeza y la cara(nariz, boca, ojos)

 

Tener en cuenta que, a veces, la enorme velocidad de la nieve y su volumen y composición (hielo rocas, troncos) tienen efectos fatales pero, si se está consciente tras el primer impacto o cuando ya ha cesado el movimiento de la masa de nieve, tratar de bracear/empujar/nadar, buscando la posición horizontal, para sobresalir y/o mantener un espacio o bolsa vital en la que poder respirar cierto tiempo bajo la nieve (algunos tipos de nieve son algo porosos y permiten cierta oxigenación) o conseguir sacar a la superficie un miembro u objeto para alertar e indicar el lugar a los equipos de socorro.

 

Cuando una persona queda sepultada por un alud, y no ha muerto al ser golpeada por mismo (como suele pasar en el 10/20% de los casos), sus posibilidades de supervivencia depende del tiempo que se tarde en desenterrarla: si se consigue antes de los 20 minutos existe el 90% de probabilidad vital, pero a partir de la media hora las posibilidades descienden al 30% o menos.

 

Las muertes se producen, además de por los traumatismos del impacto, por asfixia y por hipotermia.

 

Por ello, tan pronto como cese el peligro de la avalancha, es necesario auxiliar a la víctima/s de inmediato por sus propios compañeros o por las personas que hayan presenciado el hecho y puedan deducir su ubicación, ya que si se espera la llegada de refuerzos de socorro ajeno, seguramente ya será demasiado tarde.

 

No obstante conviene dar aviso por teléfono a los servicios de rescate para que acudan con más medios y un equipo de asistencia sanitaria.

 

Las víctimas enterradas deben buscarse no solo en el lugar donde un testigo indique que fué vista por última vez sino también por debajo de dicho punto siguiendo la linea descendiente del flujo del alud asi como cerca de rocas o árboles próximos que pudieran servir de obstáculo y en las zonas bajas o bordes del tramo final donde se detiene la nieve de la avancha (grietas, zanjas, barrancos, etc)

 

Una vez liberadas las víctimas – incluso tan pronto como pueda accederse a sus cabezas – hay que comenzar a aplicar los primeros auxilios (desobstruir las vías aéreas, respiración asistida, reactivación cardiorespiratoria, combatir las hemorragías, inmovilizar al sujeto si se sospecha que existen lesiones internas o de columna, fracturas, etc) y combatir la hipotermia.

 

Para los profesionales, equipos de rescate, alpinistas o esquiadores que deban transitar por lugares de riesgo existen numerosos utensilios y técnicas para aminorar el peligro a facilitar la supervivencia o localización de las víctimas (radio emisores o balizas de localización, faros, GPS, balones hinchables unidos al vestuario, air-bags, sondas, palas, etc.) siendo aconsejable ir provistos de los llamados A.R.V.A. (Aparatos de Rescate de Víctimas de Avalanchas) o de radiotransmisores que permiten la localización de los cuerpos sepultados.

 

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