Las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul, fueron una serie de protestas populares sucedidas en 1996 y 1997. En la helada estepa patagónica nacía una original acción de masas que inventaría el método, el nombre y la simbología de un nuevo actor clave en la resistencia al neoliberalismo: los desocupados en rebeldía.
Las puebladas de Cutral Có y Plaza Huincul, fueron una serie de protestas populares sucedidas en 1996 y 1997. Son consideradas como el inicio de los movimientos de desocupados y piqueteros para luchar contra las políticas neoliberales de la década de 1990.
El conglomerado urbano Cutral Có – Plaza Huincul en Neuquén, surgió en la década de 1930 como base de apoyo urbana para la explotación de los ricos yacimientos de petróleo y gas natural que existen en la zona. Las puebladas tuvieron su causa en los despidos masivos dispuestos luego la privatización de las empresas públicas de petróleo y gas natural, YPF y Gas del Estado, que generaron un estado general de pobreza y desocupación masivas en esas ciudades.
La primera pueblada se extendió entre el 20 de junio y el 27 de junio de 1996. Se desencadenó debido a la decisión del gobernador de Neuquén de rechazar la instalación de una fábrica de fertilizantes en Cutral Có y finalizó con un acta acuerdo de trece puntos entre los manifestantes y el gobernador.
La segunda pueblada se extendió entre el 9 de abril y el 18 de abril de 1997, en el marco de una protesta docente de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN). Como resultado de la represión y la criminalización de la protesta social el 12 de abril fue asesinada Teresa Rodríguez, quien se convertiría en una de las figuras inspiradoras del movimiento piquetero.
Luego del traumático proceso hiperinflacionario que puso fin prematuramente al gobierno de Alfonsín, bajo el mandato de Carlos Menem se aplicó una dura batería de recetas neoliberales. Se privatizó un importante número de empresas públicas y la desocupación creció exponencialmente. La resistencia social, política y sindical a las privatizaciones fue sistemáticamente derrotada. En parte por complicidad de la burocracia sindical, en parte por el efecto «disciplinador” de la hiper-inflación, en parte por debilidad de la propia resistencia. Como sea, en la primera mitad de los años noventa las reformas avanzaban raudamente, las huelgas de resistencia eran aplastadas y el creciente número de desocupados carecía de organización y de vías de acción por las que canalizar sus urgentes reclamos.
Pero en 1996, una original acción de masas inventaría el método, el nombre y la simbología de un nuevo actor clave en la resistencia al neoliberalismo: los desocupados en rebeldía. En la helada estepa patagónica nacían los Piqueteros. En sus rasgos fundamentales, la historia fue así.
La privatización de YPF, la antigua empresa petrolífera estatal, había dejado en la calle a unos 4.000 trabajadores en una zona donde prácticamente no había otra fuente de trabajo remunerado. A dos años de la privatización las indemnizaciones se habían evaporado y en ambas ciudades había un tendal de desocupados, mientras la pobreza se extendía como una mancha de aceite.
Para cortar la ruta se improvisaron barricadas con piedras y escombros, y se incendiaron neumáticos, cuyo fuego servía también para combatir las bajísimas temperaturas del helado invierno patagónico. Los lugares donde la ruta estaba cortada fueron bautizado con un nombre que haría historia: «piquete”. Quienes bloqueaban la ruta eran, pues, los «piqueteros”.
La protesta de Cutral Co y Plaza Huincul no fue exclusivamente una acción de desocupados. Los comercios apoyaron cerrando sus locales o enviando víveres, y una gran cantidad de instituciones civiles se plegaron a la medida. Miles de personas se concentraban en la ruta: llegaban caminando, en bicicleta o en automóviles. Ello no obstante, eran básicamente desocupados los que montaban guardia en los más de veinte piquetes, alimentaban con neumáticos las hogueras de la rebelión, y se enfrentaban a los camioneros y automovilistas que pretendían pasar.
Poco a poco sobre las rutas se fue formando una interminable fila de camiones atascados. El jueves 20 de junio por la noche, ya nadie salía y nadie entraba de Cutral Co y Plaza Huincul.
Rutas cortadas, aeropuerto paralizado, escuelas y comercios cerrados, tal era el panorama imperante en la comarca petrolera cuando comienza a cobrar fuerza un reclamo que parecía ser el punto de acuerdo de todos los manifestantes.
El domingo 23 es día de tensa calma y los cortes de ruta no dan muestra de debilidad, al tiempo que crecen los rumores de un eventual desalojo violento a cargo de fuerzas de gendarmería.
El lunes 24 es un día de angustia y agitación. La jueza ya ha redactado la orden de desalojo y solicitado al ministro del interior, Carlos Corach, el envío de los gendarmes.
El martes 25 es el día clave. A las ocho y cuarto llegan la jueza y los gendarmes al primer piquete. Son 400 hombres con 33 vehículos, un carro hidrante y seis perros. La noticia de la llegada de las tropas se expande por las ciudades a toda velocidad, y espontáneamente miles de personas comienzan a concentrarse en la Torre.
Los gendarmes pasan la primera barricada sin encontrar resistencia. Las fuerzas represivas, sin embargo, se topan con los primeros signos de malos augurios: el carro hidrante queda inutilizado a causa de un alambre de púas que se le enroscó en el diferencial. Para su sorpresa, además, lo que tienen en frente es una verdadera multitud que incluye a casi todos los segmentos y clases sociales, y no meramente «“como esperaban»“ una turba de desocupados.
Cuando las tropas finalmente se aproximan, comienza la refriega: un numeroso grupo de piqueteros enfrenta a piedrazos a los gendarmes que avanzan arrojando agua y gases. Nuevamente, los represores no las tienen todas consigo: un potente viento patagónico dispersa los gases, inutilizándolos, y vuelve contra las tropas el agua arrojada por el hidrante. El marcial avance se detiene. Desconcertada, la jueza se dispone a dialogar. En una combi se aproxima al núcleo de la concentración humana que rodea la Torre. La gente pide que la jueza salga de la camioneta para hablar. Margarita Gudiño accede, y en un episodio memorable es prácticamente izada hasta el techo de la camioneta por un joven cuyo rostro se halla cubierto por un pasamontañas y que levanta a la pálida jueza tomándola de las honorables asentaderas. Margarita Gudiño se esfuerza por disimular el temblequeo de sus rodillas y de su voz. Finalmente, dirigiéndose a los manifestantes, se declara incompetente y se retiró del lugar. Entre los 20.000 manifestantes hay júbilo, algarabía. Y no son pocos los que se dirigen a despedir a las tropas a piedrazo limpio. Pasadas las 15 los gendarmes, humillados, se retiran definitivamente.
El miércoles 26 de junio, una comisión de piqueteros presentan un petitorio. Así, luego de una semana de tensión se llegó a un arreglo por medio de la firma de un acuerdo manuscrito entre el gobernador «“muy abatido»“ y representantes de la pueblada.
Pasada las cuatro de la tarde, una eufórica asamblea aprueba el acuerdo y levanta las medidas de fuerza. En Cutral Co y Plaza Huincul todo el mundo festeja. Pero la alegría durará poco tiempo. Con tal de descomprimir la situación, Sapag les había prometido a los piqueteros el oro y el moro. Pero una vez que las rutas estuvieron despejadas los acuerdos fueron papel mojado. En la región petrolera comenzó a crecer el descontento y a hablarse de traición. Las condiciones para una segunda pueblada comenzaban a gestarse. Menos de un año después, el volcán volvería a estallar.
Fuentes
ANRED
Rio Negro.
LM Neuquen






