necrológicas

Search

AUTISMO. Guía de sensibilización para fiestas inclusivas. Celebremos sin barreras.

Captura de pantalla 2024-12-10 092750

Las fiestas son momentos para compartir y disfrutar, pero también pueden ser desafiantes para personas con autismo debido a la sobrecarga sensorial y los cambios en las rutinas.

Siguiendo estos simples concejos, podemos garantizar que todos se sientan bienvenidos y cómodos.

  1. Ambiente sensorial amigable.

Luces: Evita las luces intermitentes o demasiado brillantes. Opta por iluminación suave y constante.

Sonido: Mantené la música o los sonidos en un nivel bajo y evita ruidos repentinos o fuertes como fuegos artificiales o pirotecnia de alto impacto sonoro.

Espacios tranquilos: Crea un “espacio de calma” donde las personas puedan retirarse si necesitan un descanso sensorial. Esto puede ser una habitación tranquila o un rincón adaptado.

 

  1. Comunicación.

Pregunta antes de interactuar: No todas las personas disfrutan del contacto físico o social. Pregunta antes de abrazar o tener contacto.

Apoyos visuales: Utiliza pictogramas, imágenes o calendarios visuales para explicar actividades planificadas con horarios y comidas.

Respeta su forma de comunicarse: Si una persona usa lenguaje no verbal o dispositivos de comunicación, bríndale el tiempo y el espacio para hacerlo.

 

  1. Alimentación. Ofrece opciones de alimentos que serán familiares o seguros para quienes tienen sensibilidades alimentarias o preferencias específicas.

 

  1. Respeta las rutinas.

Flexibilidad: Intenta respetar las rutinas diarias de las personas, como horarios de comidas o descansos.

Anticipación: Informa con tiempo sobre cambios en las rutinas o eventos nuevos, usando herramientas visuales o lenguaje sencillo.

 

  1. Impacto sonoro.

Crea una fiesta libre de pirotecnia de alto impacto sonoro. Los fuegos artificiales pueden ser angustiantes para muchas personas con autismo por su hiper sensibilidad auditiva, también para quienes tienen discapacidad intelectual que no comprenden el contexto de los estruendos, recién nacidos, adultos mayores, veteranos de guerra y mascotas.

Promueve el uso de alternativas como luces led, burbujas o globos luminosos para celebrar de manera inclusiva y sin ruidos.

 

  1. Educar y sensibilizar a los invitados.

Compartí esta guía con amigos/as y familiares antes de la reunión. Sensibilizar a otros ayuda a generar un ambiente de compromiso y respeto.

Aprovechá la ocasión para hablar de la neurodiversidad y la importancia de la inclusión.

 

Recordá que cada persona vive las fiestas de manera diferente: celebrar la diversidad implica aceptar que no todos disfrutarán de las mismas actividades o expresarán su alegría de la misma manera. Lo importante es respetar y apoyar esas diferencias.

Con pequeños ajustes y un enfoque empático, podemos hacer que las fiestas sean un momento especial para todos.

CELEBREMOS SIN BARRERAS.

Autismo: Qué es, principales síntomas, clasificaciones, diagnóstico, tratamientos y más!

 

Desde la identificación inicial hasta el diagnóstico definitivo, el autismo es objeto de una serie de estereotipos y malentendidos que pueden ocultar la verdadera experiencia de las personas que viven con este trastorno.

Una de las mayores barreras que enfrentan los pacientes autistas es la dificultad de comprensión social y la falta de información sobre esta condición.

Ya sea en relaciones interpersonales, acceso al mercado laboral, formación de amistades o inclusión en la escuela, esta falta de comprensión es un factor común que a menudo les impide participar plenamente y de manera igualitaria en estos espacios.

En este artículo, exploraremos qué es, sus características, las causas, el diagnóstico y el tratamiento para el trastorno del espectro autista (TEA).

 

¿Qué es el autismo?

El autismo, o trastorno del espectro autista (TEA), es un trastorno del neurodesarrollo que afecta áreas como la comunicación, la interacción social y comportamientos repetitivos y restrictivos, de inicio temprano, que pueden variar entre los individuos y en gravedad, según lo definido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5) por la Asociación Psiquiátrica Americana y la Organización Mundial de la Salud.

La estimación de la prevalencia global del autismo es de alrededor de 65 por cada 10,000 individuos; sin embargo, esta tasa puede variar según factores como el sexo masculino es cual es uno de los factores etiológicos más establecidos para el autismo; el estado sociodemográfico y la raza/etnia.

La tasa de incidencia del autismo se ha triplicado en las últimas tres décadas. Debido al amplo espectro de la etiología, un número considerable de niños autistas no recibe el tratamiento conductual y medicamentoso adecuado.

 

¿Qué lleva a una persona a tener autismo?

Las causas del autismo son diversas y no siempre completamente explicadas; sin embargo, el autismo resulta de alteraciones en el desarrollo de redes neuronales complejas, secundarias a fallos en la sinaptogénesis (proceso de formación de sinapsis entre las neuronas).

No hay una única causa para el autismo, pero se sabe que existen factores genéticos, ambientales y epigenéticos que juegan un papel importante en su desarrollo.

El TEA es una condición multifactorial compleja, en la cual diversas alteraciones en diferentes genes actúan juntos y/o sumados a factores ambientales, siendo de esta forma considerado un cuadro inespecífico resultante de múltiples causas de factores no lineales. Varios factores de riesgo para su desarrollo han sido discutidos, tales como:

 

Factores genéticos (expresión y variantes génicas);

Contaminación ambiental (acumulación de iones metálicos, exposición a pesticidas);

Deficiencias inmunológicas;

Infecciones virales;

Edad de los padres;

Salud, estado mental e interacciones de la madre con el feto;

Modulaciones en la microbiota intestinal.

 

Estos factores de riesgo pueden contribuir al desarrollo del autismo de manera independiente o sinérgica, llevando a un amplio espectro de características observadas en los pacientes autistas. La influencia cuantitativa variable de un amplio espectro de factores de riesgo puede resultar en un conjunto único de características en cada paciente (6).

 

El autismo puede dividirse en autismo sindrómico o complejo: asociado a señales o síntomas morfológicos útiles en la identificación de trastornos genéticos específicos (representan del 20 al 40% de los casos), y en autismo no sindrómico o esencial: TEA idiopático sin señales o síntomas asociados (9, 10).

 

El autismo múltiple se refiere a aquellos con historial familiar positivo de otros individuos afectados de forma similar, lo que destaca la heterogeneidad del TEA.

 

Factores genéticos relacionados con el autismo

A pesar del reconocimiento de casi 800 genes de susceptibilidad clínicamente relevantes o conocidos para el TEA y caracterizados por numerosos estudios etiológicos, parece que ningún modelo cohesivo de causalidad, biomarcador o modo específico de transmisión para el desarrollo del autismo ha sido fuertemente identificado.

Estudios familiares y de heredabilidad han mostrado que los factores genéticos contribuyen, con estimaciones de hasta el 90% en condiciones monogénicas, como en la esclerosis tuberosa, X frágil y síndrome de Rett; pero representan menos del 10% de todos los casos de TEA.

 

Las principales alteraciones genéticas que llevan al cuadro de TEA incluyen:

Alteraciones del número de copias – CNVs como microdeleciones y microduplicaciones (ej.: síndrome de Angelman y Prader-Willi, síndrome de Williams); Alteraciones cromosómicas (ej.: síndrome de Turner, síndrome de Down);

Síndromes monogénicos (ej.: síndrome del X Frágil, síndrome de Rett, desórdenes del gen PTEN); Síndromes mitocondriales.

 

 

¿Cuáles son los síntomas del autismo?

El TEA presenta una amplia variabilidad clínica, siendo conceptualizado como un síndrome comportamental que puede cursar con diversas manifestaciones clínicas en intensidades diferentes, como características dismórficas, deficiencia intelectual, hiperactividad, problemas gastrointestinales, alteraciones del sueño y epilepsia.

Además del cuadro clínico variable, comorbilidades comportamentales y psiquiátricas son comunes en individuos con TEA y pueden tener un impacto sustancial en la salud general, calidad de vida y en el pronóstico a largo plazo.

Aproximadamente el 30% de los individuos con TEA requieren tratamientos psicológicos y psiquiátricos, incluyendo medicación para alteraciones comportamentales, como: hiperactividad, impulsividad, desatención, agresión, automutilación, trastornos del humor y trastornos psicóticos o de tics.

 

¿Cómo es el diagnóstico del autismo?

El diagnóstico de autismo es esencialmente clínico y puede realizarse entre los 18-24 meses de edad, ya que alrededor de esa edad los síntomas característicos pueden distinguirse del desarrollo típico y de otros retrasos o condiciones de desarrollo.

La Academia Americana de Pediatría recomienda la evaluación de todos los bebés y niños pequeños para identificar signos tempranos de autismo a los 18 meses y nuevamente a los 24 meses de edad. La evaluación o escalas de evaluación que han sido validadas para fines clínicos y de investigación son útiles para establecer el diagnóstico de autismo.

Los exámenes ayudan a encontrar la causa (minoría de los casos) y la causa ayuda a dirigir mejor el tratamiento.

 

¿Cuáles son los criterios diagnósticos del autismo?

Dado que no existe una prueba clínica específica para el diagnóstico de TEA, actualmente el diagnóstico se basa en los criterios establecidos por el DSM-5: Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (1), que permiten identificar si el paciente presenta signos de retraso en los hitos del desarrollo específicos para cada edad, y iniciar intervenciones de manera temprana.

El manual DSM-5 permite especificar si el TEA está asociado a alguna condición médica o genética conocida o a factor ambiental, asociado a otro trastorno del neurodesarrollo, mental o comportamental. Además especifica si la gravedad actual para el Criterio A y el Criterio B: requiere de apoyo muy sustancial, apoyo sustancial o solo apoyo. Finalmente, especifica si se presenta con o sin compromiso intelectual concomitante, con o sin compromiso del lenguaje concomitante, o con catatonia.

 

Los criterios diagnósticos se dividen en A, B, C, D y E: 

 

  1. Déficits persistentes en la comunicación social y en la interacción social en múltiples contextos, según se manifieste (limitación en la reciprocidad emocional y social; limitación en los comportamientos de comunicación no verbal; limitación en iniciar, mantener y entender relaciones) actualmente o por historia previa;

 

  1. Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades, según se manifieste por al menos dos ítems (uso de objetos o habla repetitiva y estereotipada; insistencia en las mismas cosas siendo inflexible a patrones y rutinas; intereses altamente restrictivos o fijos en intensidad; hiper o hiporreactividad a estímulos sensoriales), actualmente o por historia previa;

 

  1. Los síntomas deben estar presentes tempranamente en el período del desarrollo (podrían no volverse plenamente manifiestos hasta que las demandas sociales excedan las capacidades limitadas o pueden estar enmascarados por estrategias aprendidas más tarde en la vida);

 

  1. Los síntomas causan un deterioro clínicamente significativo en el funcionamiento social, profesional o en otras áreas importantes de la vida del individuo en el presente;

 

  1. Estas perturbaciones no se explican mejor por discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual) o por retraso global del desarrollo.

 

El trastorno del espectro autista puede ser clasificado aún como:

Leve: TEA sin discapacidad intelectual y con leve o ningún perjuicio del lenguaje funcional; TEA con discapacidad intelectual y con leve o ningún perjuicio del lenguaje funcional;

Moderado: TEA sin discapacidad intelectual y con ausencia de lenguaje funcional; TEA con discapacidad intelectual y con ausencia de lenguaje funcional;

Grave: TEA sin discapacidad intelectual y con ausencia de lenguaje funcional; TEA con discapacidad intelectual y con ausencia de lenguaje funcional.

 

¿Cómo saber si mi hijo tiene autismo?

Es posible sospechar del trastorno del espectro autista a partir de la observación de algunos signos que el niño presenta, como:

 

Evitar el contacto visual;

El desarrollo del lenguaje parece diferente;

Hace movimientos repetitivos sin motivo aparente;

El niño no responde cuando se le llama por su nombre;

Suele mover los dedos y las manos de manera peculiar;

Suele emitir sonidos y palabras repetidas, fuera del contexto;

Se aísla de otros niños sin motivo;

Juega con objetos y juguetes de manera inusual;

Reacciona excesivamente a ruidos fuertes o al contacto físico;

Muestra interés exagerado en temas muy específicos;

Sigue rutinas propias de forma rígida y se molesta cuando algo cambia.

 

Mi hijo fue diagnosticado con TEA. ¿Qué debo hacer?

Al recibir el diagnóstico de autismo, uno de los puntos más importantes es la intervención temprana. El tratamiento para el autismo es individualizado, ya que cada paciente tiene un espectro de síntomas, por lo que no existe un tratamiento estándar.

Dado que se trata de una condición extremadamente compleja, el autismo requiere enfoques multidisciplinarios para un mejor pronóstico y abordajes terapéuticos eficaces.

 

Fuente: Hablemos de Autismo.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest