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Efeméride. El día que un plesiosaurio puso de moda a Esquel

Martín Sheffield

Hace más de 100 años en 1922, Esquel fue sacado del anonimato mundial con una noticia sensacional: la aparición de un plesiosaurio. Todo comenzó cuando el norteamericano Martín Sheffield que llegó a la zona en 1899 en busca de oro, dijo haber visto un gigantesco animal y armó un revuelo que sacudió a la comunidad científica mundial.

 

Martín Sheffield

 

El 19 de enero de 1922 Sheffield envió desde Esquel una nota al director del Zoológico de Buenos Aires, Clemente Onelli, informando sobre un animal descomunal de gran cuello y cabeza pequeña, que se sumergía en una laguna al pie del cerro Pirque entre El Hoyo y Epuyén (Chubut). Onelli presumió que era un plesiosaurio y difundió la carta, entonces medios internacionales mostraron interés. Hasta el presidente de los EEUU de ese momento que era el republicano Warren G. Harding mandó decir que quería el animal para su país y el museo de Historia Natural de Nueva York anunció que enviaría comisiones.

Carta enviada por Martín Sheffield a Clemente Onelli:

 

Carta enviada por Sheffield a Clemente Onelli

 

La movida generó interés por la Patagonia, haciendo que sabios del mundo miren los mapas de nuestra zona y se hicieron expediciones en busca del extraño espécimen, tratando de cazarlo con algún aparejo o con explosivos bajo el agua. Pero la búsqueda fue inútil.

Cuentan que hasta “dos jubilados escaparon de un asilo para luchar contra el monstruo”, mientras que el plesiosaurio inspiró el nombre de un tango y una marca de cigarrillos. Por todo esto Martín Sheffield se convirtió en el primer agente turístico de la cordillera andina.

 

 

El medio que comunicó la novedad fue La Nación, con la firma de Onelli publicó “he reservado un tiempo prudente esta noticia, con la cual la Patagonia puede conmover a los sabios del planeta para que el país de origen sea el primero en iniciar una expedición a Chubut e intentar su captura”. La preocupación de Onelli, era que la novedad haría que vengan a la Argentina naturalistas de otras naciones a quitarnos el gusto de esa cacería extraordinaria.

 

Clemente Onelli

 

La Prensa y La Nación trataron de darle a la información rigor científico pero la oposición al presidente Irigoyen decía que el dinosaurio se trataba «de algún viejo político perdido por allí».

“La Fronda” publicó la noticia como una declaración estupefaciente de Onelli. “En la Patagonia existe un animal milenario que hace un ruido de la madona, aunque no ha sido visto por nadie”, calificando esta historia de “borrascosa y opalina como la fantasía de ese yanqui bebedor de Esquel”.

Por el interés de EEUU, un diario publica irónicamente que “el mundo ha sido creado para la gloria y fortuna de los norteamericanos”. Entonces Clemente grita a la prensa “que los naturalistas extranjeros no han de aventajarlo y se debe aprestar urgente una comisión criolla para matar y embalsamar al animal arcaico”.

Es más fácil «cazarlo vivo que muerto” afirmaban los tramperos, sosteniendo los especialistas que “se debe por todos los medios evitar el tiro a la cabeza, ya que es la pieza más importante del animal”, aunque Onelli decía que estas investigaciones “hay que hacerlas incluso en el agua con dinamita».

“¿Matarlo? ¿Embalsamarlo? ¡Eso Jamás! Dijo a gritos el titular de la Sociedad Protectora de Animales de esa época don Ignacio Albarracín. “Su vida” expresó, es sagrada para todos los seres que lo acompañamos en el globo”.

Contesta irónicamente Onelli- “¡No lo mataremos!. Se lo traeremos vivo a Don Ignacio y entraré yo a Buenos Aires con el animal atado tirando de un hilito”.

 

Se registra una nota discordante en The New York Times, titulando “Fantasmas en Patagonia”. “En el continente Sudamericano subsiste la creencia de animales prehistóricos y como los de la Patagonia profesan bastante amor al whisky  es posible que entre copa y copa hayan podido ver cualquier cosa”.

Pero ese agravio que se nos hizo al suponer que vemos fantasmas cuando empinamos el codo, quedó por suerte bien desvirtuado con una carta en La Nación, con la firma del mismísimo plesiosaurio “Ya que me ven moviendo las aguas de sus lagos misteriosos, extrañándoles mi silencio. Es que no se dan cuenta que un plesiosaurio para ser importante y considerado no debe hablar, ya que la palabra traiciona. Hace siglos y siglos que me ocultaba en la Patagonia donde se goza de la paz del alma, dedicado únicamente a recordar a mi difunta, que murió hace cinco millones de años. Era imprudencia de mí dejarme ver por Sheffield después que saboreó un par de ginebras. Ahora todos se ocupan de mí. ¿Qué le hice al travieso de Onelli, para que quisiera cazarme? El objetivo de mi carta es persuadirlo a que me deje en paz ya que soy un monstruo discreto y desinteresado”.

Onelli no pierde tiempo en contestarle al plesiosaurio y le dice al otro día. “Misterioso amigo, has escrito ayer, por lo tanto piensas y si piensas existes. Te he sacado de la lúgubre noche sin fin, ya que he asegurado tu existencia en la Patagonia. Te emplazo para que durante este año te entregues”.

Las dos cartas redondean el éxito y Onelli tiene la firme resolución de tomarle la delantera a los del norte, cubriendo los gastos de una expedición con suscripción pública. Una dama porteña aportó $1.500 y otras donaciones superaron los $5.000 con una colecta entre empleados de correos y barrenderos, demostrando que en esas humildes reparticiones existen más inclinaciones zoológicas que entre los ricos del país.

De Buenos Aires partieron los expedicionarios pero no tuvieron resultados positivos, entonces se hicieron explotar media docena de cartuchos de dinamita en el agua.

Con las primeras nevadas que anunciaban la llegada del invierno, los expedicionarios se volvieron.

 

Preguntado Onelli si seguía en la creencia que el plesiosaurio sería descubierto o si solo ha buscado con esta travesura dar popularidad a la Patagonia, declaró “yo solo lo sospecho, pero los norteamericanos aseguran que lo es”. Ahora irán miembros de la prensa del país y del extranjero acompañando a los expedicionarios y se difundirán las noticias de la Patagonia y sus maravillas, para tratar de que se forme hacia ella una fuerte corriente de turismo.

Lo cierto es que poco a poco se fue diluyendo la historia. Los diarios comenzaron a tomar el asunto en broma, enterados de la capacidad de los agricultores en la Patagonia para beber ginebra y whisky empezaron a decir que era moneda corriente que vieran cualquier cosa. Onelli también fue perdiendo entusiasmo y comenzó a sospechar que había sido víctima de la frondosa imaginación de Martín Sheffield.

 

 

Sheffield fue uno de los personajes más singulares que pisó la Comarca Andina y era protagonista de noches de juerga en El Bolsón, Ñorquincó y Esquel. Había llegado a la zona para sumarse a los buscadores de oro y cuentan que cuando empinaba el codo -que era a diario- se convertía en el espanto de las pulperías, al voltearles con tiros lámparas, vasos y botellas. Y además tenía el chiste de despedirse montado descargando sus pistolas entre las patas de su corcoveante pingo en marcha sin jamás herirlo, como en las películas de cowboys.

Se supo que ayudó a unos bandidos corridos de estas montañas por un asalto al Banco en Rio Gallegos. Su participación habría sido cobijando a los delincuentes y desorientando con malicia gaucha, la persecución policial.

Según el acta de defunción del Registro Civil de El Bolsón, Sheffield falleció el 27 de noviembre de 1932 de muerte natural.

 

Al poco tiempo el mundo olvidó a quien ocupó la primera plana de los más grandes diarios de todos los países.

 

Fuentes consultadas.

Diario Esquel.

Revista «Argentina Austral».

Acta de fallecimiento del Registro Civil de El Bolsón.

Francisco Juárez («Historias de la Patagonia»).

Naco Sales y Oscar Catania («El Bolsón de antes»).

Marcelo Gavirati («Patagonia histórica»).

Juan Domingo Matamala (varios libros y artículos publicados).

 

Plesiosaurios.

El plesiosaurio es uno de los primeros grandes fósiles identificados por los paleontólogos. El primer espécimen, correspondiente al género Plesiosaurus, fue encontrado en 1821 en Inglaterra. Mientras se han encontrado en cada continente incluso en la Antártida, casi todos los especímenes son conocidos o de la formación del Jurásico superior.

En 2004, lo que parece ser un plesiosaurio joven 100 % intacto fue descubierto en la Reserva Nacional Natural Bridgwater Bay en el Reino Unido, por un pescador local. Probablemente este es el espécimen mejor conservado de un plesiosaurio jamás descubierto.

En 2006 fueron hallados los huesos de un bebé plesiosaurio, de 1,5 m, en una isla de la Antártida.  Actualmente se exhibe en el museo de geología de la Escuela de Minas y Tecnología de Dakota del Sur, Estados Unidos.

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